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Las Crónicas de Crantis: Los pergaminos de vida.

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Las Crónicas de Crantis: Los pergaminos de vida.

Los aullidos de muerte y dolor se escuchaban. La sangre mortal que ahora estaba por todo el suelo. Miles de grietas que se abrían. La muerte estaba en el aire.
Arriba, los grandes espíritus gritaban y gruñían por la furia.
En sus manos estaba el cuerpo sin vida de la muchacha.
Sus ropas claras y apretadas. Como si fuese una guerrera. Tenía el cuerpo ceñido por ropas de cuero oscuro y un sin número de armas. Tenía estacas de madera bendecidos y unas cuantas balas de plata. Principales preocupaciones si querías seguir sobreviviendo sabiendo la verdad de tu vida.
Los vampiros y los licántropos seguían en batalla. A pesar de haber puesto manos juntas para la derrota del Humdacron, seguían con sus peleas costumbristas territoriales.
El aire olía a derrota y muerte.
Nunca se pensó que los hijos de los espiritus fuesen tan fuertes. Pero esta muchachita sí que los había sorprendido. Tenía los cabellos claros como los de su hermana y la piel tan pálida como la de un vampiro. Ojos claros, de un color muy diferente, eso estaba mas que visto. Mientras que de ella brillaban en un tono gris cielo, de su hermana brillaba de un hermoso dorado amanecer.
Ambas iguales. Gemelas. Hijas de los grandes espíritus. Una hija del sol y otra hija de la luna. Destinadas a vivir ocultas. Pero perseguidas por sus atacantes.
Había traído una gran batalla. A pesar de llevar una gran capa negra, la sangre que emanaba de su cuerpo aún era visible.
La marca de la luna sobresalía de su cuello. Como un tremendo cartel diciéndoles. Aquí estamos. Vengan. Mátennos. Tenemos el poder que ustedes necesitan. Vengan.
Los tres chicos que estaban ahí, reunidos tenían sobras bajo sus ojos, habían peleado y estaban tan adoloridos.
La chica se acercó hacia el cuerpo. Y se acercó a su rostro. Ya naciente en un árbol. Con el rostro pegado junto al tronco y el cuerpo apoyado en él. Tenía el cuerpo hermoso. Eso era de ver. Pero ya muerta. No tenía el brillo que siempre tubo.

-sí. Es bonita. Me sorprendió cuando dio tanta batalla. Jamás en mi vida me dieron tal paliza. Merecía morir-
La chica tenía los cabellos claros, de un rubio completamente brillante. Los ojos le brillaban de un azul clarísimo, como aguamar y su rostro era de unas facciones muy bellas. Como las de un ángel caído del cielo. Tenía el cuerpo envuelto en una capa surca y sus labios eran de un rosa pálido.
-por favor Sasha. Solo estabas enojada porque creías que te quitarían de ser la única chica en la secta, ¿no es cierto? Eres tan superficial-
Sasha le sonrió secamente y luego aplaudió.
-bueno creo que ya me aburriste. No pensaba que perseguir a dos simples chiquillas atraería tantos problemas-
Se dio la vuelta y vio al chico que le había espetado sus verdades.
Era alto, de un tono oscuro. Los cabellos negros, pero la piel blanca como el marfil. Los ojos igual de negros y tenia
Una fina marca en su cuello.
Eran tres esferas que parecían dar vueltas hacia la derecha, puntos negros con finas líneas que las desigualaban. Eran los suficientemente grandes para ser vistas.
-esa marca en tu cuello no te da superioridad sobre mí, Alexander. Eres un simple mortal. Solo con unos poderes que ninguno podría tener. Aun no eres inmortal-
Alexander miro fijamente el rostro de Sasha y esta le tiro una mirada envenenada.
Sasha suspiro y levanto.
Alzo los brazos y salieron finas películas delante de su rostro.
Un espejo desdibujado apareció. Parecía líquido, como la corriente de un rio. Pero al interior había una gran luminosidad.
Había tres sombras en el interior y solo de una su rostro estaba por completo oculto.
Sasha mostro su respeto arrodillándose y alzando la mirada.
-padre. Tenemos buenas noticias. Una de las hijas de los espíritus cayó. Esta aquí. Justo en vuestro lado-
La sombra oscura se movió. Dando una aprobación al acto diabólico.
-¿la otra hija? Aún se encuentra viva. Cuál es la demora de su muerte. Ellas debían de estar muertas desde hace mucho-
Alexander salió de la parte de atrás y se adelantó en hablar.
-lo lamento padre. Pero la hija del sol salió escapando de nuestro ataque. La hija de la luna resulto salir con unos poderes impresionantes y le dio el tiempo suficiente para que su hermana pudiese escapar. La hija de la luna era más de un modo... sobreprotectora con su hermana. Es por ello, que de una manera termino gritándola fuertemente para que se largase. Era una escena de lo más conmovedora. Pero en vano-
La sombra dio un grito ahogado y todo se estremeció fuertemente.
-mis dos hijos no son lo suficientemente fuertes para detener a unos chiquillas. Me pareció buena idea mandarlos solamente a ustedes dos. A pesar que mi idea principal fuese solo mandarte a ti Alexander. Creo que no son los suficientemente buenos para esta simple tarea-
Sasha bajo la mirada y se arrodillo mucho más.
-lamento nuestra derrota padre. Pero puede ser reivindicada-
-claro que lo será. En estos momentos vuestros hermanos partirán hacia Racents. Junto con ellos terminaran el trabajo....-
Alexander que tenía la mirada fija en Sasha. Se paró y se enderezo.
-padre. Por favor. Yo puedo solo. Déjame intentarlo. Te lo juro que no fallare. Déjame intentarlo por mí solo. Que ni Sasha ni nadie más intervenga en mi búsqueda. Sé que puedo hacerme cargo de esto. Confía en mí-
La sombra suspiro y se bajó en su asiento.
-tienes cuatro semanas. Después de ese tiempo la Secta ira tras de ella y de ti. Si me fallas mejor no vuelvas a llamarme tu padre y desaparece. Tienes un mes completo para traerme el cuerpo de la hija del sol-
Alexander se arrodillo, mostrando su agradecimiento.
-gracias padre-
-en otro caso que no logres hacer tu cometido. Mandare para que te asesinen tus propios hermanos-
Alexander miro de reojo a Sasha y esta tenía una enorme sonrisa en el rostro. Petulante y engreída, esa era la única en la Secta y como una de las chicas más poderosas en la historia, ella parecía ser feliz con su vida.
-está bien padre-
-Sasha, ven. Tráeme el cuerpo de la hija de la luna-
Sasha sintió y se levantó.
-como desees padre-
Alexander levanto la mirada y vio a las tres sombras en el espejo.
-espero que me complazcas Alexander-
Y luego el espejo desapareció, diluyéndose en el aire y alejándose del bosque.
Sasha se acercó al cuerpo y la miro.
-apresúrate hermanito. Que si no logras tu cometido. Pediré a nuestro padre para que sea yo quien te mate-
Agarro el cuerpo de la chica y la levanto en vilo.
La sangre comenzó a derramarse por la espalda de Sasha y luego desapareció en la oscuridad de la noche.
Alexander miro al cielo y luego vio el amanecer. El solo se asomaba rojo. De un color naranja muy intenso. Y la luna ya había comenzado a desaparecer del cielo.
Alexander sonrió y una fina mueca malévola salió silbando en su rostro.

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